Boletines de Sistemas

03-09-2026

Shadow AI

El principal desafío silencioso para la gobernanza corporativa

La Shadow AI (o Inteligencia Artificial no autorizada) se ha convertido en uno de los riesgos operativos y de seguridad más complejos para las áreas de tecnología y cumplimiento normativo. A diferencia de las amenazas perimetrales tradicionales, este fenómeno opera de forma completamente descentralizada e imperceptible. Mientras los departamentos de IT destinan recursos a blindar la infraestructura oficial, la organización enfrenta una adopción masiva y paralela de soluciones tecnológicas no homologadas, impulsada por equipos que buscan optimizar su productividad diaria sin dimensionar las implicancias a nivel de seguridad de la información.

 
El iceberg de la tecnología empresarial

Cuando pensamos en los sistemas de una compañía, solemos imaginar una estructura ordenada: el software estudiado y aprobado por el Departamento de IT, los correos corporativos autorizados, las redes y dispositivos oficiales, los servidores y repositorios de documentos. Eso es la punta del iceberg, lo que se ve.

La Shadow AI es la base sumergida: aplicaciones, extensiones de navegador, plataformas web de generación de imágenes, traductores automáticos y asistentes de código que los empleados adoptan por su cuenta, usando cuentas gratuitas o personales. No pasan por el filtro de seguridad de sistemas, no tienen contratos de confidencialidad firmados con el proveedor y operan en un vacío legal interno.


¿Por qué ocurre este fenómeno masivamente?

No surge de la rebeldía, sino de una brecha de velocidad.

  • La urgencia del día a día: mientras que evaluar, aprobar y desplegar una herramienta de IA oficial en una empresa suele demorar un tiempo debido a rigurosos procesos de cumplimiento y seguridad, cualquier empleado puede entrar a internet, registrarse gratis en una plataforma de IA moderna y empezar a usarla de inmediato. 
  • El desfase tecnológico: Muchos empleados descubren que la inteligencia artificial actual supera por amplio margen a los legacy systems (los programas y plataformas informáticas viejos que la empresa mantiene por tradición). Como estas herramientas de afuera multiplican su velocidad, prefieren usarlas antes que atarse al software oficial. 
  • La desconexión entre la alta dirección y las herramientas del colaborador: A menudo, los mandos medios o directivos aprueban políticas estrictas de restricción tecnológica desde una perspectiva puramente teórica, sin conocer las fricciones reales del trabajo operativo diario. Al no existir canales formales donde los equipos puedan manifestar sus necesidades reales de automatización, la única alternativa percibida es operar al margen de las directrices oficiales.

 
Los riesgos reales (más allá de pegar datos sensibles)

Aunque la fuga de datos confidenciales es el peligro más evidente, la Shadow AI trae otros problemas operativos importantes:

  • Pérdida de propiedad intelectual: En muchos términos de servicio de plataformas gratuitas, el contenido que se sube pasa a ser parte del entrenamiento del modelo. Si un programador sube código fuente propietario o un diseñador sube un boceto de producto inédito, esa información intelectual queda expuesta.

  • La trampa de la obsolescencia de habilidades:Cuando el personal delega sistemáticamente tareas de redacción, análisis, pensamiento crítico o resolución de problemas en una IA sin supervisión humana real, se corre el riesgo de que los equipos pierdan destreza profesional con el tiempo. La dependencia excesiva puede apagar el criterio propio y hacer que el personal se vuelva vulnerable si la herramienta falla o comete errores sutiles.

     

  • Alucinaciones y errores corporativos: Si un empleado usa una IA no verificada para tomar una decisión de negocio, analizar métricas o redactar cláusulas contractuales, y la herramienta "alucina" (inventa un dato con total seguridad), la empresa puede sufrir pérdidas económicas o daños legales.

 
Algunos ejemplos:

  • Un usuario pega una nómina salarial en ChatGPT.
  • Un abogado copia un contrato de un cliente para que la IA le haga un resumen.
  • Un desarrollador pega código fuente de una aplicación interna para depurarlo.
  • Un empleado carga información financiera de cierre mensual en una IA pública.

Todos estos casos podrían implicar exposición de:

  • Datos personales.
  • Información financiera.
  • Propiedad intelectual.
  • Información de clientes.
  • Información protegida por acuerdos de confidencialidad.

 
¿Cómo lo están manejando las empresas inteligentes?

Las organizaciones que mejor están gestionando estas problemáticas entendieron que prohibir la tecnología no funciona

En lugar de eso, la tendencia actual se basa en tres pilares:

  • Habilitar zonas seguras: Comprar licencias corporativas de herramientas confiables (como versiones empresariales de ChatGPT, Copilot u otras plataformas) donde los datos de la compañía estén protegidos por contrato y no se usen para entrenar modelos públicos.

     

  • Educación sin miedo: Explicar claramente por quéciertas herramientas son un riesgo, dándole al personal alternativas claras en lugar de un "no se puede".

     

  • Escuchar a los usuarios: Cuando los equipos piden incorporar nuevas herramientas de IA, el secreto está en abrir canales de diálogo. En lugar de prohibir, se analiza la tecnología propuesta y, si pasa los filtros de seguridad internos, se la integra de manera oficial para que todos la aprovechen sin riesgos.

 
Conclusión:

La clave del equilibrio actual ya no es bloquear la innovación que viene desde las bases, sino canalizarla para que sume sin poner en riesgo la compañía.

La tecnología es una gran aliada, pero el uso inteligente y responsable de las herramientas sigue dependiendo enteramente de nosotros.

LB

Laura Borroni
Ing. en Sistemas Informáticos.

Departamento de Sistemas
Septiembre 2026

 

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